lunes, 10 de diciembre de 2007

realidad del agua

Cuando los ríos se queden sin agua, no va a llegar ninguna gota a los hogares, aunque las familias paguen mucho dinero. Ya todos tendríamos que aceptar que el agua se está acabando, que no es un recurso que se va a poder reparar cuando desaparezca definitivamente.
El agua que vemos en los mapas, es mucha. Pero es salada y nadie la puede usar. Por eso hay que cuidarla. Hay que cerrar la canilla mientras uno se lava los dientes o se afeita, hay que bañarse en el menor tiempo posible y ahorrar en todo lo que se pueda.
Si bien creemos que con la poca agua que uno malgasta, no hay ningún cambio, si hay cambio, y es muy importante que cada uno tome conciencia para que les dejemos a nuestros hijos, nietos y bisnietos parte de este imprescindible elemento. Y quizás, es menor el tiempo que nos queda para disfrutar del agua y tal vez se acabe mañana. Ahí, nosotros sufriríamos las consecuencias. Este mensaje va también para las industrias, que gastan mucha agua en los procesos de producción y para el riego, en la agricultura. De esa forma, permitimos que otra gente se pueda bañar con agua caliente en invierno, o pueda tomar agua para vivir.
En los países en vías de desarrollo, el 90% de las muertes son producidas por diarrea, al faltarle a la gente agua potable e higiene. Esa agua potable, es desperdiciada por mucha gente, que aun vive y todavía tiene la oportunidad de lavarse la cara o hacerse un café a la mañana.
Aunque recién cuando se pierden las cosas, se empiezan a apreciar, con los recursos no renovables como el agua, no se puede esperar tanto para apreciarla, porque ya va a ser demasiado tarde; y el impacto va a caer en todos. Por eso cuidemos el elemento crucial para nuestra existencia, antes de que sea muy tarde. No es difícil. Solamente hay que usar lo justo y necesario, ni una gota de más. Porque cada gota, es sagrada.

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