“Lo que ella dejó”
Odio que me pregunten al respecto, volver a traer todos los recuerdos a la mente de ese día tan triste para mí, es algo que no me entusiasma mucho.
En mis días, todo era hermoso. El azul del cielo que te miraba desde arriba esperando que el dueño de la tierra lo salude, el caminar gracioso de los cangrejos, que daba cada vez más gracia al que los veía y el hermoso movimiento de las olas, que siempre volvían y se desvanecían. Nunca se iban. Todas esas cosas que le hacían a uno olvidarse de los problemas de siempre y entrar el cuerpo en la naturaleza pura que el mundo nos prestaba. Nadie pensó nunca, que esa paz, se volvería violenta y se vendría en contra de nosotros, de mí. Ahora esas olas se nos derrumbaban en nuestros cuerpos enteros. Me estaba destruyendo. El océano entero estaba haciendo su rebelión, o quizás volvía a ser como era antes y durante todo este tiempo estaba haciendo una especie de pausa en sus movimientos. Apenas la noté, empecé a correr rapidísimo, para escaparme de esa malvada, escaparme de ese infierno que ella había dejado. La desesperación que tenía, por salir, por irme de ahí, pero también de quedarme para ayudar a los que se habían quedado atrás, a los más desprotegidos. Pero a quien engaño, la victima fui yo.
Quería que todo termine, no sabía cuanto más iba a durar. Al llegar a casa corrí rápido al sótano. Me quedé ahí, pero no aguantaba más. Tenía que superarlo, o al menos mi propio miedo. Decidí salir, total no había nadie después que llorase por mi cuerpo herido. Pero algo raro pasó; al salir, no había nadie. ¿Se habían muerto todos o era solo un espejismo mío? Me preguntaba. Me estaba derrumbando. Casi muero, pero decidí vivir, entonces luché para salir de ahí y esperar que todo termine. Cuando pude salir de esas intensas gotas que no me dejaban respirar, entré a mi casa para ver a mi única familia. Lo alimenté porque no sabía que más hacer con él. Me dijo que quería salir afuera, para volver a sus orígenes. Lo entiendo. No debe ser muy cómodo vivir en un recipiente. Así que lo saqué por un huequito que encontré. Todavía me preguntaba en donde estaban todos, me sentía muy solo. Volví a salir a la calle para ver si encontraba a alguien. Salí creyendo que iba a ser un canal de Venecia pero al ver hacia fuera y ver las calles secas como antes, me di cuenta de algo, y recordé: El brusco movimiento de su triste lágrima. Lo que ella dejó. Su tristeza en mi corazón.
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