lunes, 10 de diciembre de 2007

cuento "La Nada"

“La Nada”

Sam tenía 14 años. Era un chico normal, con el pasatiempo de caminar por todo el vecindario. Le gustaba estar afuera, a la luz del día, por un problema que tuvo unos cuantos años atrás. Cuando tenía 6 años, se quedó encerrado en el sótano oscuro de la escuela, nadie lo escuchó, y se quedó ahí hasta que pudo salir por una de las ventanas. Desde ese momento, no quiso estar más en la oscuridad. Por eso es que le gustaba caminar bajo la luz del sol. Todos los días salía a las 3 después de almorzar y volvía a las 7 de la tarde.
Un domingo, salió como de costumbre a caminar por el barrio. Iba muy entusiasmado con el propósito de una linda caminata. Había un sol radiante que lo encandilaba. Caminando encontró en una avenida, un pozo. Se acercó curiosamente para ver que había ya que no sabía que encontraría. Cuando estaba al lado, vió que un camión se le acercaba. Mirándolo, cayó al pozo. Se sentía muy extraño.
El pozo era muy profundo por lo tanto, al caer, se golpeó la cabeza y quedó inconciente por un momento. Cuando abrió los ojos, vió que el lugar era rojo y estaba vacío. Le llamó la atención que el hueco por donde el se había caído, ya no estaba aunque le pareció solo una ilusión. Pensaba que estaba en un sueño, pero no se sentía como si estuviese en uno. No había nadie y estaba todo oscuro. Fue en ese momento que empezó a sentir aquel “miedo”. Ese que le traía tan malos recuerdos.
Cerró los ojos, tratando de despertar de esa horrible pesadilla. Unos minutos después, alguien le tocó el hombro. Sam dio un pequeño salto por el susto. Cuando se dio vuelta, vió que era una chica, una chica distinta que le dijo:
_Soy Parker, ¿y tú?
_Yo me llamo Sam. ¿En dónde estamos?
_nadie sabe cuál es su nombre, pero a mi me gusta llamarla “la nada” ya que no puedes hacer nada, no sientes nada y lo más interesante es que una vez que entras, ya no puedes salir.
Sam empezó a buscar alguna salida en ese lugar infinito que lo único que parecía darle era tristeza e impotencia. En sus pálidos ojos, se le notaba claramente la desesperación que tenía.
_No hay salida, no me hagas repetírtelo.
Esperó unos segundos, y viendo que el aún no reaccionaba, dijo:
_Está bien, haz lo que quieras. De todas formas tu búsqueda no cambiará nada.
Sam se fue a un rincón y se puso a llorar. Empezó a pensar en todas las cosas que había perdido y añoraba más que nunca. Estuvo así por mucho tiempo, pasaron días, meses y años y él seguía en ese rincón, con una compañía que en realidad, no lo acompañaba. Esperando que algo sucediera. Cada vez pensando más, en porqué hace ya tanto tiempo, él se había asomado a ese maldito pozo que le consumió la vida. ¿En dónde estarán mis padres? Se preguntaba él, tratando de encontrar una respuesta invisible.
Un día le preguntó a Parker:
_ ¿Cómo llegaste hasta aquí?
_Yo nunca llegué, siempre estuve aquí.
_ ¿Qué quieres decir? Entonces… ¿yo cómo llegué?
_ ¿Nunca escuchaste el término “la curiosidad mató al gato”?

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